viernes, 1 de febrero de 2008

Cuarto domingo del tiempo ordinario ciclo A

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

3 DE FEBRERO DE 2008






EXÉGESIS BÍBLICA

El evangelista nos presenta a Jesús en un monte, el lugar tradicional de la manifestación de Dios en el AT (recordemos la importancia del Sinaí o del Horeb) y sentado, es decir, en actitud de enseñar.

La enseñanza es una actividad característica de Jesús (cf Mt 4,23-25; 9,35; 11,1) que los discípulos sólo podrán asumir después de ver al resucitado (cf Mt 28,16-20).

El sermón del monte se abre con una declaración solemne, en la que el reino de los cielos anunciado por Jesús aparece como buena noticia para los pobres. Esta solemne declaración constituye la obertura del discurso, en la que se propone el estilo de vida que se hace presente con la llegada del reino.

Las bienaventuranzas poseen un esquema literario que se encuentra también en la tradición sapiencial y apocalíptica del Antiguo Testamento.

Los gritos de alegría de Jesús por la llegada del reino de Dios y de la liberación que viene con él, fueron interpretados en la comunidad de Mateo como orientaciones para la conversión y el cambio de vida que exige dicho acontecimiento.

En cada bienaventuranza existe una tensión entre la situación presente y la que está a punto de brotar: el reino se hace presente de forma germinal en los pobres, los misericordiosos… pero Dios está a punto de instaurar definitivamente este reino, y la situación va a cambiar radicalmente.

En conjunto, son un mensaje de esperanza, y una palabra de aliento, para descubrir la presencia del reino y anhelar su llegada definitiva.

Mateo ha elaborado cuidadosamente las bienaventuranzas con la intención de que pudieran ser fácilmente memorizadas.

Las ocho primeras están en tercera persona del plural y forman un grupo homogéneo, marcado por la referencia en la primera y en la octava al reino de los cielos.

Este grupo de ocho bienaventuranzas queda dividido a su vez en dos grupos de cuatro gracias a la mención en la cuarta y en la octava de la voluntad de Dios (literalmente, la justicia).

LECTIO DIVINA:

“Es una lectura personal de la Palabra de Dios, durante la cual nos esforzamos por asimilar la sustancia; una lectura en la fe, en espíritu de oración, creyendo en la presencia actual de Dios que nos habla en el texto sagrado, mientras el fiel se esfuerza por estar él mismo presente, en un espíritu de obediencia y de completo abandono a las promesas como a las exigencias divinas”.

(BOUYER, L. Parola, Chiesa e Sacramenti, nel protestantesimo e nel cattolicesimo).

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

3 de febrero de 2008

ORACIÓN INICIAL: ¡Oh Espíritu Santo!, alma de mi alma, te adoro; ilumíname, guíame, fortifícame, consuélame, dime qué debo hacer, ordéname. Concédeme someterme a todo lo que quieras de mí, y aceptar todo lo que permitas que me suceda. Hazme solamente conocer y cumplir tu voluntad. Amén.

1.- LECTIO

Consiste en dejar que la Palabra penetre en nosotros. Para que la escucha sea plena, se necesita que la lectura sea atenta. La disponibilidad es la actitud más importante hacia Dios. Debemos leer con empeño. La lectura lleva a la obediencia, a la sumisión total a la Palabra. ¿Qué dice la Palabra?

Se lee una vez en voz alta el Evangelio, de manera pausada para que los miembros del grupo escuchen con atención alguna palabra particular o la frase que les parezca más importante.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (5,1-12).

AMBIENTACIÓN

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó . Entonces se le acercaron sus discípulos, enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo :

BIENAVENTURANZAS

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó[1]. Entonces se le acercaron sus discípulos, enseguida comenzó a enseñarles, y les dijo[2]:

BIENAVENTURANZAS

Dichosos[3] los pobres[4] de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos[5]. Dichosos los que lloran, porque serán consolados[6]. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra[7]. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados[8]. Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán

Preguntas para la reflexión

o ¿Por qué Jesús no se dirige solamente a los discípulos?

o ¿Quiénes son los Pobres de Espíritu?

o ¿Cuál es la promesa que hace Jesús a los que sigan sus consejos?

o ¿Quiénes son los que se deben sentir alegres?

o ¿Cuál es la humildad a la que nos está llamando Jesús?

o ¿Cuáles son las pautas que nos da Jesús para construir el reino de los cielos?

2.- MEDITATIO

Es “rumiar” el mensaje inspirado mediante la concentración y el reconocimiento del espíritu, buscando el rostro de Cristo detrás de su Palabra. Es confrontar el texto con la vida, las actitudes y los sentimientos que la Palabra de Dios nos trasmite. ¿Qué me dice? ¿Qué nos dice?

Preguntas para la meditación

Ante este texto tan importante, debo preguntarme:

¿Cómo está mi espíritu para escuchar la voz del Señor?

¿Cumplo con mis deberes sacramentales, pero, actúo como me invita el Señor en este Evangelio?

¿Participo de la pureza de corazón de la que habla el Evangelio?

¿Soy protagonista en la construcción de un mundo de paz o soy parte de los problemas?

¿Soy celoso con la injusticia del mundo ó en cambio todo eso pasa desapercibido por mi vida?

¿Practico la misericordia con los que necesitan ayuda, están abandonados o pasan alguna necesidad?

Const. Salesianas, artículo 75: Compromiso personal de pobreza

Cada uno de nosotros es el primer responsable de su pobreza. Por ello, vive a diario el desprendimiento prometido con un estilo de vida pobre.

En el uso de los bienes temporales acepta depender del superior y de la comunidad; pero sabe que el permiso recibido no le dispensa de ser pobre en la realidad y en el espíritu. Está atento para no ceder poco a poco al deseo de bienestar y a las comodidades, que son amenaza directa a la fidelidad y a la generosidad apostólica. Cuando su estado de pobreza le ocasiona alguna incomodidad o sufrimiento, se alegra de poder participar de la bienaventuranza prometida por el Señor a los pobres de espíritu .

3.- ORATIO ¿Qué le digo?

El paso de la meditación a la plegaria se realiza cuando empezamos a comprender lo que Dios quiere de nosotros. Entonces surge espontáneamente la pregunta: ¿Cómo debo dirigirme a Dios?

¿Qué le respondo a mi Dios sobre lo que me dijo, me pidió, me amonestó amorosamente?

¿Verdaderamente estoy preparado para recibir a Jesús?

¿A que se me invita en este tercer domingo de las bienaventuranzas?

4.- CONTEMPLATIO ¿Cómo interiorizo el mensaje?

Contemplar es entrar en una relación de fe y de amor con el Dios de la verdad y de la vida, que en Cristo nos ha revelado su rostro. Aquel rostro nos lo revela cada página y pasaje bíblico. Lo que debemos hacer es observar aquel rostro, observar con admiración, observar con ojos de niño y en silencio.

Interiorizar el mensaje de las bienaventuranzas, debe llevarnos a asumir con firmeza y convicción, el modelo de vida de Cristo, siendo su imagen y cambiando nuestro corazón, repitamos en nuestro interior:

Dame un corazón como el tuyo Jesús, Dame un espíritu dócil a tu palabra, Dame un corazón como el tuyo Señor…

5.- ACTIO ¿A qué me comprometo?

La oración puede encender y darnos energía para realizar acciones en nuestra vida. Esto puede recomenzar cada día, y puede crecer día tras día. La Lectio Divina permite ser permeado durante todo el día y de ser cambiado poco a poco por su Palabra así que el corazón esté siempre unido a él con la oración presente en todas sus acciones.

Propósito para esta semana:



[1] El sermón de la montaña presenta a Jesús como el intérprete soberano y último de la Ley mosaica. Él es el Maestro que revela la voluntad de Dios de forma acabada y definitiva. Jesús se sentó como un signo de que estaba listo para enseñar, puesto que la enseñanza normalmente se impartía en postura de sentados.

[2] Los principales destinatarios de estas enseñanzas de Jesús son los discípulos, en los cuales podemos ver también a los miembros de la comunidad cristiana a quienes Mateo dirige su evangelio.

[3] Es la traducción del hebreo ashrē o bāruk. El primer término se encuentra en la literatura sapiencial; el segundo procede de un contexto de alianza. Las sentencias bāruk se relacionan íntimamente con las promesas de alianza, y eso es lo que tenemos en las bienaventuranzas.

[4] Los pobres son los necesitados de Israel, los ãnāwîm, que prefieren el culto divino a los beneficios financieros, su pobreza es realmente económica, pero posee una dimensión espiritual.

[5] La primera bienaventuranza se refiere a una pobreza que radica básicamente en el espíritu de cada uno, en su interior. No es una pobreza puramente material, sino que incluye una cualidad ética y una actitud religiosa. Es, una disposición espiritual.

[6] Jesús conoce los innumerables sufrimientos que se padecen en el mundo. La multitud de los afligidos puede pensar que Dios los ha abandonado y que su desgracia no acabará jamás. Pero Jesús asegura que su dolor no pasa desapercibido a los ojos de Dios: llegara el día en que el mismo Dios los consolará definitivamente. La aflicción, según la Biblia, puede proceder de distintas causas: es dolor por la muerte de un ser querido.

[7] Es una cita del Salmo 37,11; en su texto hebreo encontramos ãnāwîm (afligidos). El significado de mansos, por tanto, es fundamentalmente el mismo que el de pobres en el espíritu. La posesión de la tierra se convirtió en una preocupación real para los exiliados que regresaron con la esperanza de poder reclamar su patrimonio ancestral; pero para muchos todo se quedó tan sólo en una piadosa esperanza, en la enseñanza de Jesús, el concepto de heredar la tierra funciona como figura de lo que significa experimentar el dominio justo de Dios heredando el reino.

[8] Los que tienen hambre y sed de justicia, son la expresión metafórica de un deseo ardiente. Estas metáforas son frecuentes en la Biblia. Vendrán días, dice Am 8,1, en que enviaré hambre sobre el país, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de escuchar la palabra de Dios. En esta bienaventuranza, el objeto del hambre y la sed es la justicia. La justicia, tal como la entiende Mt, consiste fundamentalmente en el fiel cumplimiento de la voluntad de Dios. Justos son aquellos que viven en perfecta conformidad con la voluntad de Dios, tal como la enseña Jesús, es decir, tanto en su relación con Dios como en sus relaciones con los demás.